viernes, 22 de febrero de 2008

EL ESCLAVO

Entraría suavemente y a hurtadillas
Entre tus muslos,
A la busca de su calor
Siempre añorado.

Quedaría recluido en su oquedad
Gustoso, complacido en ese trato,
Sin guardianes y sin rejas,
Como esclavo.

Sobre la espalda desnuda
Soportarían el castigo
De tu látigo severo,
De indiferencia y olvido
Sin huir, sin escapar
Al dolor, de su suplicio,
A duros golpes ganado
El amor, que grillete, que cadena,
que prisión, que fuerte clavo.

Junio/97

7 comentarios:

  1. Es muy cierto, cuando uno se entrega consciente y feliz a la condición de esclavo de una representante de Venus, lo hace en serio y propuesto a nunca abandonar tal condición. El amor amor, un abrazo amigo.

    ResponderEliminar
  2. Amigo:
    Siempre que publico algo estoy seguro de encontrarme alguno de tus comentarios, que aun concisos, resulta muy agudos y sumamente agradables.

    Te lo agradezco, un saludo

    ResponderEliminar
  3. Curioso, ayer estaba reflexionando sobre este tema, como el amor nos nubla la vista, se lleva nuestra cordura y nos cambia de una manera tan notable. Nos maneja a su antojo.
    Muy bueno! Voy a seguir leyendo, pero no quería dejar de firmar ya que este último me encantó.
    Y sí, tengo 17, y muchas gracias por los halagos. Creo que siempre nos sentimos felices y con ganas de seguir cuando a alguien que sabe más que nosotros le gusta lo que hacemos.
    Saludos!

    ResponderEliminar
  4. Señorita: Mayfair
    Nada que agradecer, la verdad solo tiene un camino y lo que esta bien, bien esta. No resulta frecuente al menos por este país encontrar a alguien tan joven como tu, que le interese las cosas que por tus escritos deduzco te interesan, ni se exprese como tu te expresas, no quiero decir que no los haya, Dios me libre, pero si que no es habitual.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Genial. He dado una vuelta entre tus versos. Aún me queda mucho que aprender. Cierto es que nos vestimos de grilletes, de cadenas ante la ansiada visita del amor...porque quisieramos perpetuarnos en su celda. Esclavos somos pues, amigo, y en las paredes del presidio que son el alma, dejamos patente que estamos condenados en forma de poesía. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  6. Amigo Fernando, ya que mi tinta parece sufrir sus últimos estertores, acudo a las llemas de mis dedos que han tratado de hacer de celestinas entre tu enorme poema y el vulgar sonido de las cuerdas de mi guitarra.
    Un abrazo, maestro.

    ResponderEliminar
  7. Espero escuchar pronto lo que estoy seguro sera una de esas maravillosas obras, fruto del sentido y la sensibilidad, y no temo equivocarme al afirmarlo, rije tu modo de vivir.
    un abrazo

    ResponderEliminar