miércoles, 28 de enero de 2009

LA INSPIRACION


El egipcio Naguib Mahfuz, el único escritor en lengua árabe premiado con el Novel de Literatura, que lo fue en el año 1988, y autor entre otras muchas de la novela El callejón de los milagros, que publicaría en 1947, decía, que su inspiración literaria, había nacido de dedicar una gran parte de cada mañana y tarde de su dilatada vida, a escribir, a escribir y a escribir. Gonzalo Torrente Ballester, otro enorme literato, afirmaba, que en la multitud de ocasiones en que la inspiración le había jugado alguna mala pasada, siempre hizo uso del mismo recurso, al que podíase llamar musa inspiradora, y que no era otro que, tras el desayuno matinal y una vez sentado frente a su máquina de escribir, pensar en el estómago de sus seis hijos, que llenar cada día.
Por nada del mundo quisiera compararme con tan soberbios escritores, pero les debo dar toda la razón en lo que afirmaban. Dentro de mi bisoñés en esto de la escritura, y por tanto, en el conocimiento de las técnicas literarias, tan sólo hay una de la que estoy seguro: las ideas, como sutiles hilos del pensamiento que son, tienen corta vida si no se les plasma sobre un soporte, que las fije al consciente tangible.
De manera que cada vez entiendo más ese consejo, que cualquier curso de auto aprendizaje del método de escribir, que se precie contiene, “todo escritor, deberá portar como elementos imprescindibles, un pequeño blog, y lápiz, para plasmar insitu, cualquier fantasía que pudiera surgirle”.
Si no se pone en práctica este consejo, como es mi caso, sucede, que gran parte de éstas se diluyen y escapan, como caudal de preciada agua, por el drenaje de la memoria. Prueba de cuanto digo la tengo cada noche.
Soy persona de sueño ligero y corto, de modo que el estado de vigilia suele ser compañero habitual de mis oscuridades, en el lento y largo transcurso de las sombras, se hacen presentes magnificas ideas, y el como realizar su explicación expositiva.
Puede parecer una incongruencia lo que digo, pero en mi caso es absolutamente cierto. El ¿Cómo sé que son magnificas y que su exposición, cuanto menos, podría resultar entendible?, pues solo puedo responder que no lo sé, y es la verdad. Por mucho que me he esforzado, en lograr el objetivo, de recordar a la mañana siguiente después de haber dormido, algo de lo que consciente había imaginado, nunca lo he conseguido.
Mi madre solía decirme que la “Desidia,” era la responsable de todos los males que aquejan a la humanidad, y sin dudar lo es, del que a mi me pasa cada noche, en lo venido al caso. Cada vez que he vencido a ésta, me he levantado, y he hecho uso de los trastes de escribir, por muy pequeño que haya sido este uso, el resultado siempre ha sido positivo, de ahí, el porqué de mi afirmaciones anteriores.
Volviendo a lo que apuntaba mi madre, debo reconocer, que con más frecuencia de lo que debiera; si es verdad, que quiero ir avanzando en el difícil mundo de fabulación, soy cautivo de la situación física, y sicológica, que oculta tras si, el dichoso nombrecito, y que aún teniendo perfecto conocimiento de sus efectos negativos, y como ponerles remedio, apenas si hago nada para solucionarlos. y si a esto añadimos, que de modo arto frecuente, me auto justifico aduciéndome falta de inspiración, (Claro está, que cuando se da esta auto justificación, obligatoriamente debo de encontrarme lejos del espejo, porque de no ser así, la imagen que refleja, suele mirarme a su vez, con una sonrisa sardónica, como si me respondiese, “tururú el de la luz”), se da por bien cumplida su reflección.
No obstante, en las no tantas, en las que he hecho caso a lo dicho, por tan grandes escritores, la inspiración, prima hermana del trabajo, ha aparecido, y de ese modo, a trancas y barrancas, han ido tomando forma un par de textos, próximos a cumplir el centenar de páginas.
Mi madre, que no es porque lo fuese, era una gran mujer, adelantada en mucho a su tiempo. En el largo tiempo en el que pude disfrutar de su amor y compañía, 90 años. Puedo contar por infinidad, las veces que me afirmo, ¡hijo mío¡, podemos estar o no, capacitados, educados, instruidos, formados, etc., para el desarrollo de una determinada acción, pero para lo que sin la menor duda, siempre deberemos estar dispuestos, es para intentarlo, intentarlo, y no rendirnos.
Cuanta razón tenían todos, aquí si que no vale eso de ¡Y ACÁ, QUE SABEMOS...!
Mayo/2008